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Embajada de Polonia y Municipio de Cuernavaca rinden homenaje a Tamara de Lempicka con un mural en la fachada del Ayuntamiento

La Embajada de Polonia en México y el Ayuntamiento de Cuernavaca rinden homenaje a la destacada artista polaca Tamara de Lempicka, o bien Tamara Łempicka (1894-1980) con un mural monumental en la fachada del Ayuntamiento de Cuernavaca, ciudad en la que la artista pasó los últimos años de su vida. La obra es resultado de un concurso convocado por la Embajada de Polonia y el Ayuntamiento de Cuernavaca, con el propósito de seleccionar una propuesta artística que evocara la presencia de Tamara de Lempicka en la ciudad y su vínculo con México.

La ilustración representa a una mujer en un automóvil verde. Al fondo se observan las montañas Giewont y el Iztaccíhuatl mexicano, así como el volcán Popocatépetl. En primer plano aparecen flores polacas —amapolas y acianos— junto con flores mexicanas, como la jacaranda. También se distinguen dos esculturas: la Sirena de Varsovia y la Paloma de la Paz de Cuernavaca.

Magdalena Firląg, autora del mural

La propuesta ganadora fue realizada por Magdalena Firląg, egresada de la Academia de Bellas Artes de Varsovia y doctora en Artes Visuales por la UNAM. Esta artista polaca, que radica en México, trabaja principalmente con la técnica del mosaico, combinando procedimientos tradicionales con un lenguaje visual contemporáneo.

Para Cuernavaca, Firląg creó un diálogo visual entre Polonia y México, integrando lugares, paisajes y símbolos relacionados con distintas etapas de la vida de Tamara de Lempicka.

Un diálogo entre Polonia y México

El recorrido comienza en el lado izquierdo de la composición, donde aparece la Sirena de Varsovia (Syrenka), símbolo de la capital polaca y referencia a Varsovia, ciudad natal de Tamara Łempicka. La figura introduce el componente polaco del mural y remite a los orígenes de la artista.

En el lado mexicano aparece La Paloma de la Paz, escultura del artista mexicano Víctor Manuel Contreras, gran amigo de Tamara durante sus años en Cuernavaca. Su presencia evoca esta amistad y el entorno artístico y cultural que rodeó a la pintora durante su estancia en México.

El paisaje ocupa un lugar central en la composición. Las montañas de Polonia y México se encuentran en un mismo horizonte, creando un puente visual entre dos geografías alejadas. Destaca el Popocatépetl, uno de los grandes símbolos del paisaje mexicano y también relacionado con el último deseo de Tamara de que sus cenizas fueran depositadas allí.

Junto al paisaje mexicano se reconoce la silueta del Giewont, montaña de los Tatras polacos conocida como el “guerrero dormido” por la forma que adopta cuando se contempla desde Zakopane. Frente a él aparece el Iztaccíhuatl, cuya silueta es conocida como la “mujer dormida”.

La vegetación también participa en este diálogo. Del lado polaco aparecen flores de campo, como margaritas y amapolas, que evocan los paisajes de su tierra natal. Del lado mexicano florecen las jacarandas, uno de los árboles más característicos de Cuernavaca y parte del paisaje que acompañó a Tamara durante sus últimos años.

De esta manera, el mural entrelaza referencias a Varsovia y Cuernavaca, a los paisajes polacos y mexicanos y a distintos momentos de la vida de Tamara de Lempicka.

Con esta iniciativa, la Embajada de Polonia y el Ayuntamiento de Cuernavaca buscan mantener viva la memoria de Tamara de Lempicka y poner en valor el vínculo especial que la artista estableció con la ciudad durante la última etapa de su vida.

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