Las reparaciones a Polonia son responsabilidad de Alemania
09.09.2022
Hay crímenes que ni se perdonan por completo ni olvidan jamás - dijo Mateusz Morawiecki, Primer Ministro de la República de Polonia.
El paso de tiempo no exime al perpetrador de la obligación de indemnizar a la víctima, a pesar de la dificultad de estimar los costos de los crímenes.
Tengo la sensación de que no todos habitantes de los países de Europa Occidental comprenden bien la escala del drama que la Segunda Guerra Mundial representó para Polonia. Desde la perspectiva occidental, este conflicto quizá se vea más que nada como una serie de batallas, movimientos militares y decisiones políticas. Para nosotros es, ante todo, una secuencia de crímenes, atrocidades y destrucción, así como de oportunidades de desarrollo perdidas.
Desde el principio la Segunda Guerra Mundial fue planificada como un crimen a sangre fría, cuyo objetivo fue la aniquilación de naciones enteras y la destrucción de países íntegros.
Evidentemente, la guerra trajo muerte y destrucción en todas partes. Sin embargo, en Europa del Este, este terrible suceso fue cien veces peor que en Francia, Bélgica, Holanda o Dinamarca. Aunque hoy cueste imaginarlo, hace tres generaciones la Alemania nazi negó a los polacos el derecho a la vida, clasificándonos como una nación esclava en la que se pueden realizar con impunidad terribles crímenes y experimentos.
Los prejuicios raciales, el sentido de superioridad y las ambiciones coloniales del Tercer Reich llevaron a la mayor tragedia en la historia de mi país, destruyendo las posibilidades y esperanzas de toda nación polaca. Polonia está luchando con las consecuencias de esta guerra hasta el día de hoy, y luchará mucho tiempo después de que hayan fallecido los últimos testigos presenciales de este pasaje inhumano de la historia.
Según el Generalplan Ost alemán, la mayoría de los polacos debían ser exterminados y la parte restante debía ser reducida al papel de esclavos destinados a trabajos forzados. Este plan genocida se implementó desde el primer día de la Segunda Guerra Mundial. Las primeras bombas que cayeron en Polonia el 1 de septiembre de 1939 a las 4.40 horas de la madrugada no estaban dirigidas a las instalaciones militares, sino al hospital y a los edificios residenciales de la indefensa ciudad de Wieluń. Los alemanes lanzaron 380 bombas de un peso total de 46 toneladas sobre una ciudad quieta y dormida. Fue una masacre sádica y aterradora.
Ya en los primeros días, la Wehrmacht junto a las unidades auxiliares compuestas por civiles alemanes quemaron vivos a niños y mujeres indefensos.
En la famosa foto de septiembre de 1939, el fotógrafo estadounidense Julien Bryan capturó a una niña de 12 años, Kazimiera Kostewicz, llorando frente al cuerpo de su hermana pequeña Anna, baleado por un soldado alemán. Su llanto mudo fue solo uno de los de millones de niños polacos que se quedaron solos llorando a sus padres, hermanos y amigos,. Al mismo tiempo millones de padres lamentaban la muerte de sus hijos.
Fue una matanza infernal, matanza que los alemanes llevaron a cabo en gran medida contra civiles inocentes y corrientes.
La realidad polaca bajo la ocupación fue llena de crímenes constantes, masacres de civiles, saqueos enormes de propiedades polacas, robos de más de 500.000 pinturas, esculturas y otras obras de arte. En algún lugar de una casa señorial alemana, todavía cuelga el Retrato del Joven de Raphael Santi.
La realidad polaca durante el cautiverio alemán fue una realidad de conversión de ciudades enteras en ruinas, de destrucción de edificios culturales y religiosos, de redadas en las calles, de ejecuciones públicas, de experimentos médicos en prisioneros, de secuestro de niños de los padres, (se estiman al menos 200.000) y su envío al interior del Reich para ser germanizados. El matiz final de esta realidad fue la construcción de una terrible máquina de muerte en el suelo polaco: los campos de concentración.
Los actos de violencia homicida fueron cuidadosamente planeados y también portaban nombres. Intelligenzaktion, Sonderaktion o Außerordentliche, Befriedungsaktion. Todos estos actos fueron operaciones organizadas que los alemanes dirigieron contra la élite de la nación polaca: profesores, abogados, médicos, ingenieros, maestros y arquitectos. En una sola operación, llamada Tannenberg, en los primeros meses de la guerra, los alemanes asesinaron a unos 55.000 ciudadanos polacos, entre ellos se encontraban funcionarios de todos los niveles, activistas locales, profesores, policías y representantes de muchas otras profesiones importantes para la el funcionamiento del Estado. Durante 6 años, más de 5,2 millones de ciudadanos de mi país fueron asesinados y la población disminuyó en unos 12 millones.
Al final de la guerra, Polonia se encontró con una economía completamente arruinada, industrias destruidas y ciudades arrasadas.
¿Qué pasó con los que lideraron el terror en Polonia durante todo este tiempo? A menudo, ellos mismos se convirtieron en élites locales, viviendo en prosperidad, eludiendo toda responsabilidad por los crímenes que cometieron. Por ejemplo, Heinz Reinefahrt, uno de los verdugos del Levantamiento de Varsovia, se convirtió después de la guerra en alcalde de la ciudad de Westerland en la famosa isla de Sylt, para luego formar parte del parlamento estatal en Schleswig-Holstein. Heinz Reinefarth es solo uno de los innumerables ejemplos de la apoteosis de la Segunda Guerra Mundial, que culminó en una gran injusticia. Y así es que la guerra más sangrienta de la historia del mundo nunca fue resuelta.
Es por eso que hoy estamos planteando el tema de las reparaciones, el tema de la compensación por los crímenes alemanes contra la nación polaca y los ciudadanos polacos. Crímenes que no pueden ser simplemente olvidados. Con la justicia y el buen nombre de las víctimas en el corazón, hemos preparado un Informe sobre las pérdidas sufridas por Polonia como resultado de la agresión y la ocupación alemana durante la Segunda Guerra Mundial entre los años 1939 y 1945. Este informe de 3 volúmenes es el resultado de más de 4 años de trabajo de un equipo de expertos especialmente designado y representa la factura por un futuro robado.
La lección que debemos aprender de la Segunda Guerra Mundial es que los crímenes olvidados, no descritos, no juzgados e impunes solo pueden preludiar más crímenes. Después de todo, hoy siendo toda Europa testigo, las tropas rusas están cometiendo crímenes de guerra en el suelo ucraniano. Los bárbaros modernos deben saber que no pueden eludir responsabilidad por sus crímenes: genocidio, destrucción y saqueo. Deben ser conscientes de que la justicia inevitablemente los alcanzará.
Durante muchos años, Alemania sostuvo la posición de que el tema de las reparaciones de la guerra se había resuelto hace mucho tiempo. No obstante, solo recientemente Alemania tomó la decisión de indemnizar a los grupos étnicos herero y nama por el genocidio en Namibia hace más de un siglo. Después de casi 50 años, Alemania también acordó pagar indemnizaciones a las familias de las víctimas de los ataques terroristas contra deportistas israelíes durante los Juegos Olímpicos de Múnich. No importa si hayan pasado 10, 50 o 100 años desde un crimen, lo importante es Cuantificar y reparar los daños.
Cualquier debate sobre las reparaciones también debe tener en cuenta estos gestos por parte de las autoridades alemanas. Las víctimas de la máquina de la guerra totalitaria alemana merecen no sólo el mismo respeto y memoria que las víctimas del colonialismo y el terrorismo; la escala inimaginable de los daños que se produjeron en Polonia entre 1939 y 1945 significa que la reparación de las pérdidas es un proceso continuo que debe abarcar varios años.
Después de la Segunda Guerra Mundial, decimos cada año "nunca más" y, sin embargo, la compensación para la nación polaca todavía no se ha convertido en un hecho. En un sentido existencial, estas pérdidas no pueden ser cuantificadas ni compensadas. Porque ¿quién puede calcular el precio de la vida humana? Aquí sólo la historia puede emitir la factura a los perpetradores. Sin embargo, también existe responsabilidad por parte de las sociedades y los estados. Esta responsabilidad puede ser medida y contabilizada. Creemos que asumir la responsabilidad por los agravios cometidos es una base para construir un futuro común entre las naciones. Es imposible mirar hacia el futuro sin una honesta mirada retrospectiva. Debemos y queremos ir más allá, pero el único camino que nos lleva hacia adelante es el camino de la verdad. Confío, justamente, en que estamos entrando en él. Espero que de esta manera consigamos cerrar uno de los capítulos más oscuros de la historia de Polonia, de Europa y del mundo.
Mateusz Morawiecki, Primer Ministro de la República de Polonia