Unión de los iguales
29.08.2022
Zbigniew Rau: La libertad y la igualdad de las naciones es la única protección ante el peligro del imperialismo – escribe el Ministro de Asuntos Exteriores.
La agresión de Rusia hacia Ucrania ha puesto fin a la época en la que dominaba la convicción que, luego de las experiencias traumáticas sufridas durante el siglo XX, ya era imposible que hubiera otra gran guerra europea y que todas las naciones perseguían una búsqueda conjunta de la paz. De una manera muy dramática hemos aprendido que el imperialismo no es únicamente una categoría histórica, sino que es la fuerza causante del mundo moderno y que su poder destructivo alcanza, en mayor o menor grado, a todos nosotros. Además, se ha demostrado que ignorar las ambiciones, inclinaciones o solo hábitos imperialistas, como también aceptar el pensamiento y las acciones de las esferas de poder, o entender los derechos históricos o intereses económicos especiales de los países más poderosos, no lograrán integrar el imperialismo con el mundo libre de manera permanente y menos de manera armoniosa.
Asimismo, la agresión rusa en Ucrania fue para Europa el momento de despertar y reflexionar profundamente sobre el futuro del continente. Al iniciar el debate que corresponde a este momento de reflexión, el canciller de Alemania, Olaf Scholz, indicó que la Unión Europea es la antítesis del imperialismo, la cual en la actual realidad estratégica requiere ser reforzada mediante la extensión del alcance de decisiones tomadas en la votación mayoritaria y la renuncia al derecho de veto. Esta solución permitirá aceptar el liderazgo por parte de Alemania, con un gran sentido de responsabilidad por nuestro continente frente al peligro inminente de imperialismo.
Los iguales con los iguales
Polonia de una manera especial tiene el derecho y la obligación de participar en este debate, recurriendo tanto a su propia experiencia histórica como la víctima del imperialismo de los países vecinos, como también a su tradición y pensamiento político antiimperialista. Este pensamiento, basado en la convicción de libertad e igualdad de las personas y las naciones, fue expresado sencillamente en los lemas de la herencia de las generaciones a lo largo de varios siglos: “¡Los iguales con los iguales, los libres con los libres!”; “¡Nada sobre nosotros sin nosotros!”; “¡Por nuestra y vuestra libertad!”. Su esencia fue expresada de una manera directa y plena por Adam Jerzy Czartoryski, cuando escribió en el año 1830: “Cada nación soberana, como cada unidad en un orden común, tiene derecho a su propio gobierno y a construir su felicidad social de acuerdo a su propio entendimiento. De esta manera, ninguna nación puede gobernar a otra, ni considerarla su propiedad o herramienta. Tampoco puede intervenir en lo que otra nación considera bueno para el desarrollo de su bienestar interno. Bajo ningún concepto una intervención ajena puede imponer un régimen común para transformar mediante fuerza dos naciones en una sola sociedad, ya que esto iría en contra de la naturaleza y de la ley.
Del punto de vista de Polonia, es imperativo para Europa actual defender la libertad y la igualdad tanto de los individuos como de las naciones en cada rincón de nuestro continente, sin excepciones. En Ucrania esto significa la libertad de los ucranianos para elegir su identidad, régimen, filiaciones políticas y alianzas militares, pero también para decidir cuando deberían continuar luchando por la independencia y cuando iniciar negociaciones con Rusia. De la misma manera, significa también la igualdad con cualquier otro país soberano y, por consiguiente, el carácter inalienable de la integridad territorial de Ucrania. Esta libertad e igualdad de Ucrania requiere de un apoyo político, diplomático, económico y, en especial, militar a nivel universal, lo que significa asegurar los medios para una protección efectiva de su independencia.
La falta o simplemente la simulación de este tipo de apoyo representa ni más ni menos que la aprobación de la tesis de imerialosmo que las naciones no gozan de la misma subjetividad, el mismo estatus moral, la misma protección de la ley internacional, y que su destino o posición están sujetos a la decisión de los imperios o concierto de potencias. Entonces, si el principio de libertad e igualdad de las naciones tiene un carácter universal y debe ser respetado por todas las naciones europeas, Ucrania tendrá que vencer con nuestro apoyo y el imperialismo ruso deberá ser detenido y derrotado.
Pero la detención y derrota del imperialismo en Europa no pueden ser un proyecto que se limite únicamente de las relaciones entre Rusia y Ucrania, ni incluso entre Rusia y otros países que también han sido privados de su integridad territorial, como Moldavia o Georgia, creando conflictos “congelados” interminables. Incluso dentro de la Unión Europea repetidas veces hemos visto y seguimos viendo el afán por dominar a otros miembros, imponerles sus razones, ignorar sus derechos, intereses y necesidades, como también las protestas, es decir las tendencias de imperialismo. De hecho, sería difícil encontrar a un observador de la realidad europea que estuviera de acuerdo con la tesis que la falta esencial en la integración europea resulta de los pocos esfuerzos por dominar por parte de los miembros más potentes. De la misma manera, sería difícil encontrar a una persona que pudiera argumentar que los esfuerzos por dominar son una barrera eficaz contra las influencias del imperialismo ruso en el espacio de la UE. Así que, si estamos de acuerdo que existe necesidad de una reforma del proceso de toma de decisiones en la comunidad, entonces ésta debería ser dirigida hacia la limitación de los esfuerzos de dominar mediante la creación de las condiciones para una libertad autentica y una igualdad de los estados miembros y, a su vez, hacia la detención de todos los procedimientos y prácticas imperialistas.
A pesar de las opiniones expresadas muy frecuentemente, las organizaciones internacionales en su esencia no conforman una antítesis del imperialismo. Cada una de estas organizaciones puede ser su antítesis solamente cuando está fundada en los principios de la libertad y la igualdad de todos sus países miembros; en otras palabras, cuando todas sus instituciones y prácticas sistemáticas, iniciativas políticas y proyectos económicos se desarrollan en función de esta libertad e igualdad. Por esa razón, cada forma del déficit de la libertad y la igualdad de los países miembros que conforman la UE, la hace excepcionalmente vulnerable al ser confrontada en el imperialismo de Rusia, el cual no puede ofrecerle nada más que su propio modelo de política y su manera de actuar. Al buscar socios con un potencial económico o demográfico suficientemente grande, junto con un modelo propio de política imperialista practicado a lo largo de la historia, ofrece una forma privilegiada de cooperación económica o interacción política. En otras palabras, el imperialismo ofrece una transformación del continente a su imagen y semejanza, es decir: un concierto de potencias con su propia participación (de Rusia) y con el alcance de influencia conjuntamente predeterminado.
Las estrategias del imperialismo
¿Dónde entonces residen las causas del déficit de la libertad y la igualdad de los países miembros de la UE que abren camino a los peligros imperialistas de este tipo? El mayor déficit de la libertad se destaca cada vez más frecuentemente en la toma de decisiones a través de la votación mayorista, lo que resulta en una desigualdad creciente entre los miembros de la comunidad. Los países pequeños y medianos, que, en comparación con los países más grandes, están en una posición de una considerable desventaja en lo que respecta la creación de las coaliciones, incluidas las coaliciones de bloqueo, quedan sistemáticamente en posición de derrota, cuando intentan defender por su cuenta sus derechos, intereses o necesidades. Y al quedar en minoría, otros países toman por ellos las decisiones, lo que implica la vulneración esencial de su libertad. Es porque la libertad se resume en la sujeción a la ley que es constituida por nosotros mismos con la fuerza de nuestra voluntad. Al sujetarnos a las resoluciones de esta ley, nos sujetamos a nuestra voluntad, y de esta manera permanecemos libres.
A su vez, el déficit de la igualdad se demuestra claramente en las deficiencias del equilibrio de la zona del euro, donde se encuentra petrificado el desequilibrio fiscal y económico. A partir de aceptar la divisa común, una parte de los países no puede desarrollarse de manera permanente y armoniosa, en cambio otra parte registra un excedente de exportación constante impidiendo la apreciación de su propia moneda por medio de la persistente estagnación económica de otros países. Por consiguiente, es un sistema que limita de manera radical el componente imprescindible de la igualdad: la igualdad de las oportunidades.
El déficit de la libertad y la igualdad se reduce a establecer una división institucional y funcional en los países pequeños y medianos por un lado y los más grandes por el otro, no solamente en lo que se refiere a la incuestionable ventaja económica y al potencial demográfico, sino también al poder de palabra en el proceso de toma de decisiones en la UE, el que los países pequeños y medianos no logran igualar, ni siquiera actuando de manera conjunta. La persistencia y la intangibilidad real de esta división resulta en la dominación sistemática política y económica de un grupo de los países sobre el otro. Esta dominación, a su vez, marca camino para la intensificación de los intereses nacionales de los países dominantes a costa de los dominados. La garantía del éxito de este proceso es el hecho de que los países dominantes generalmente disponen de indiscutibles posibilidades de presentar y definir sus propios intereses nacionales particulares como un bien común de todos los países miembros. Esta situación es tierra fértil tanto para las operaciones del imperialismo ruso, como para las prácticas imperialistas de la misma UE.
El ejemplo del gasoducto norte es acá un estudio de caso espectacular. Acceder a la oferta del gas ruso más barato iba a garantizar la ventaja en el mercado común en cambio a una aceptación informal de la zona de influencias de Rusia en el área postsoviética. Construir un puente entre los intereses políticos fundamentales del imperialismo de Rusia y las ambiciones económicas del miembro más poderoso de la UE llevó a su permanente transformación hacia la manera de actuar característica para el imperialismo. Alcanzar una posición dominante en el mercado se fue llevando a cabo a costa de no solamente la violación de las condiciones de la competencia igualitaria, sino también resultó en la dependencia de las economías europeas de los recursos energéticos rusos y de los intereses de seguridad de una parte de los países miembros y de Ucrania. La preferencia por la cooperación política con Rusia también se llevó a cabo a costa de la lealtad hacia los aliados, especialmente los más expuestos a los reclamos del imperialismo Ruso en la franja oriental de la OTAN. Todas estas medidas no fueron tomadas por casualidad, sino mediante una estrategia consciente y realizada de manera categórica, que ha sido presentada como un mero proyecto europeo para beneficios de todos, es decir una parte del bien común de los países miembros.
Sin embargo ahora, como resultado de la agresión rusa hacia Ucrania, esta estrategia se quebró y el bien común ha sido redefinido, tomando la forma de la solidaridad europea. El fin de la ventaja competitiva en el mercado común resultó en un proyecto forzado por Berlín de una reducción voluntaria del uso de gas de 15% por todos los países miembros, incluidos los que, antes de independizarse de Rusia, obstinadamente advertían a sus países socios europeos.
Otra ilustración importante de las prácticas internas de la UE es la experiencia de Grecia. Desde el momento de la creación de la zona euro la economía de Alemania registra un balance comercial positivo, mientras que la economía de Grecia (como también las economías de otros países del Sur europeo) lucha con el desafío del estancamiento, descenso de competitividad y, en consecuencia, un creciente endeudamiento. No obstante, la divisa común fue y sigue siendo presentada como beneficiosa para todos los países miembros pertenecientes a la zona euro, es decir como su bien común.
La crisis económica de 2010 demostró el carácter dialéctico de este bien. El bien común era el éxito de la campaña de créditos de las instituciones financieras extranjeras, principalmente alemanas, como también la exportación de las empresas, también alemanas. Pero en la época de crisis resultó ser el bien común el hecho de pasar a Grecia todos los costos del sistema erróneo, el cual estimulaba al endeudamiento de los países del Sur, incluso a pesar de que el problema del endeudamiento de todos los países del Sur de Europa era solo una cara de la moneda, presentándose en el lado contrario el auge de la exportación de Alemania.
Desafío existencial
Por lo tanto, el orden moderno de Europa, el orden de la Unión Europea, no nos libra de la erosión de la libertad y la igualdad de los estados miembros y, como demuestra la experiencia, dicha erosión propicia el resurgimiento del imperialismo. En este contexto, la creación de las condiciones institucionales para la toma de liderazgo en la UE por parte de Alemania, ha acrecentado de manera esencial la falta de libertad e igualdad. De esta manera, si la oferta de Alemania está pensada para proteger la UE del imperialismo, ya que Alemania se siente responsable por dicha protección, la Unión no necesita el liderazgo de Alemania, sino su autolimitación. Solamente entonces la libertad y la igualdad de los países miembros permitirá a la UE convertirse en la antítesis del imperialismo.
Así como el imperialismo constituye una amenaza fundamental a la Unión Europea, así también su protección efectiva requiere de las reformas fundamentales. Por consiguiente, la libertad de los países miembros requiere básicamente un fortalecimiento radical del consenso europeo y su reconocimiento como el fundamento de las acciones y cooperación en Europa. A su vez, la igualdad de los países miembros requiere el restablecimiento de la igualdad de oportunidades para el desarrollo, lo que, por consiguiente, debe resultar en una reforma de la zona euro. El radicalismo de esta reforma no debe, en primera instancia, descartar ninguna solución, como por ejemplo la amortización sistemática o parcial de la deuda o un regreso temporal o permanente de una parte de los países miembros de la zona euro a su divisa nacional. Además, el impulso reformatorio y la dirección de los cambios a realizar deberían provenir de los países miembros y no de las instituciones de la UE. Deberían ser los países miembros quienes presenten y definan el significado del bien común, es decir las normas del bienestar y desarrollo de todos y, como resultado, propiamente establecer el alcance de las competencias de dichas instituciones. Adicionalmente, el esfuerzo de las reformas debería basarse en la premisa que los más involucrados en la protección efectiva del imperialismo deberían ser los que han experimentado las políticas del imperialismo y no los que la han aplicado por sí mismos en el pasado.
Si no logramos impulsar la reforma de estas características, si no defendemos la idea y la práctica de la libertad y la igualdad de las naciones frente a las amenazas imperialistas, causaremos una regresión intelectual y política que contraste con los siglos de progreso y herencia. Así que, estamos frente a un desafío existencial que conlleva una responsabilidad que no es nada nuevo en la experiencia del continente. Al comienzo de nuestra era de la misma manera había que resolver el dilema si Roma debía permanecer una república de los ciudadanos libres e iguales, o tomar las características de las monarquías vecinas helenísticas. Los que defendían la república advertían con mucha razón que, en última instancia, Roma no iba a prevalecer en esta transformación helenística imperial. Hoy en día nos conviene recordar esta advertencia.